La separación es una de las heridas más comunes que vivimos en nuestra infancia desde el estrés y por lo mismo la guardamos como un conflicto, la primera experiencia de separación que vivimos es al momento de nacer y despegarnos de nuestra mamá y del entorno donde nos sentíamos seguros protegidos y felices, y de ahí comienza una serie de separaciones en nuestra vida, si vamos a guarderías, sin tener la madurez para identificar que esa separación sera por unas horas, o para toda la vida y esto nos genera angustia.

El contacto físico, la demostración de cariño, la voz, el alivio y la posibilidad de descargar eso que nos inquieta, sobre todo en nuestra mamá los primeros meses de vida, será determinante en la manera en que gestionemos el resto de separaciones a las que nos enfrentaremos posteriormente.

Si no conocemos y ponemos atención en la manera en que hemos guardado desde pequeños estas separaciones, cuando somos mayores reaccionamos ante ellas como el niño o niña que las guardó y con la necesidad que tiene ese pequeño y no como el adulto que somos, con las herramientas y soluciones ganadoras qu hemos adquirido al tener que adaptarnos a la vida.

Esta falta de consciencia respecto al ¿cómo vivimos el momento de separarnos?, puede llevarnos a comportamientos extremos de dolor, tristeza, depresión, angustia, dependencia, y a provocar en los demás ese mismo sentimiento que nos hizo daño.

Tener miedo y desconcierto por el futuro es uno de los sentimientos más comunes ante una experiencia de separación, si a eso añadimos a la vivencia el sentirnos traicionados, ante una promesa incumplida, genera además desconfianza y la necesidad de tener el control.

Para evitar sentirnos así, podemos ser auto exigentes, y muy rígidos con los demás, no tolerar el error, no pedir ayuda, enfado y animadversión por personas que nos parezcan despreocupadas y poco responsables.

Sin embargo al adaptarnos a estas separaciones hemos desarrollado tambien una serie de habilidades y herramientas como la seguridad para actuar, la autonomía, es decir, la capacidad de hacer las cosas por nosotros mismos, la responsabilidad sobre nuestras acciones y palabras, la satisfacción de hacer bien las cosas y la oportunidad de aprender y crecer.

Recordemos que las emociones tienen como finalidad llevarnos a la accion y no quedarnos en el sentimiento desagradable y en la queja, si no, satisfacer esa necesidad de alivio, contacto, cariño, consuelo de nuestro niño interior y después recordar eso que nos ha hecho mejores humanos al adaptarnos y poner en marcha nuestras soluciones ganadoras.

Los invito a reconocer la manera en que  reaccionamos ante las distintas experiencias de separación, a identificar las necesidades de nuestro niño interior, a poner en marcha nuestras soluciones ganadoras, para gestionar adecuadamente esta emoción y a la par generar un impacto positivo en los que nos rodean.

Que tengan una excelente semana

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Post Author: Araceli Velasco