Por Diana Santana Jiménez

La educación como otras dimensiones de la vida humana, es influida y transformada por las
dinámicas sociales, productivas e intelectuales.
En las dos últimas décadas, producto de
múltiples condiciones históricas se han transformado las disciplinas, modificando las
prácticas docentes y las expectativas de las comunidades educativas. Pareciera que “estudiar
una carrera” o “decidirse por una profesión”, hoy más que antes, debería capacitar para
encontrar trabajo de forma fácil, segura y exitosa. Algunos analistas hablan, por tanto, de una
“mercantilización de la educación”. (Galcerán, 2010, p. 90).

La implementación de medidas correspondientes a una visión política y económica
identificada como neoliberal, iniciada desde finales de los años setenta en varios países,
generó transformaciones que afectaron la dimensión sociocultural de las sociedades. Las
organizaciones y gobiernos (particularmente del primer mundo) reprodujeron formas de dominación en el espacio y el tiempo que configuraron las bases del capitalismo actual y de
las condiciones de globalización (Harvey, 1998).

En este proceso de transformaciones un protagonismo fundamental lo tienen tanto la
revolución digital, como el uso de las TIC (Castells, 2005, p. 45). Los cambios surtidos van
a afectar, además, todas las facetas de la sociedad y consolidar el proceso de capitalismo
actual en el que el paradigma tecnocientífico, el conocimiento como valor de cambio y la
institucionalización de la globalización dominarán y afectarán los sistemas educativos. Un
nuevo modelo de universidad será la base estratégica de lo que algunos denominan la
“industrialización de la educación” (Federici y Caffentzis, 2007, p. 63).

Retomando a Nikolas Rose (1997) se puede argumentar que, en este flujo incesante de
transformaciones, las democracias liberales insertadas en lógicas neoliberales asisten a una
nueva relación entre gobierno y conocimiento, expresado en un cuestionamiento constante
de la acción de gobierno sobre la vida humana y un fortalecimiento de los dispositivos
sociales y de disciplinamiento.

Lo anterior tiene se conecta con lo que Michel Foucault llamó en su momento la
“racionalidad del capitalismo tardío” que conllevaba a que las empresas pensasen en su
rentabilidad, así como a que los individuos proyectaran la capitalización de su trabajo. La
traducción de este horizonte a nivel de la educación superior genera, por tanto, que ella sea
concebida, como un servicio ofertado por una empresa capitalista para ser consumido y
capitalizado por los usuarios (Chomsky, 2013, p.122).

En Colombia, fue durante el gobierno de Virgilio Barco (1986 – 1990) y en el marco de un
mayor dominio de los gremios económicos que se comenzaron a sentir con fuerza estos
cambios. De hecho, en la década de los años 90, el Gobierno colombiano implementó varias
reformas económicas dirigidas a liberalizar los mercados y aumentar su eficiencia.

En 1991, la Constituyente va a servir de marco de oportunidad política y jurídica para
consolidar el cambio que definirá un nuevo pacto social en el que se hablará de Estado Social
de Derecho, de participación y pluralismo, pero sin cuestionar el modelo neoliberal y un
régimen democrático muy manufacturado por este modelo.

Durante el periodo del presidente César Gaviria Trujillo (1990 – 1994) a través de lo que se
denominó la “apertura económica”, van a operar las denominadas Reformas Estructurales de
lo social: Tributaria, Laboral, a la Salud y a la Seguridad Social. La Reforma Educativa no
será ajena a esto, al punto que el discurso económico nacional soportara su transformación
mediante estrategias de poder y de saber centradas en condiciones operativas e instrumentales
cuyo objetivo central fue concebir la institución educativa como una empresa (Ferro, Prieto
& Quijano, 2009).

Durante las décadas de los noventa y las dos primeras del siglo XXI, se consolidará aún más
la transnacionalización de servicios de enseñanza superior (terciaria), enseñanza para adultos
y capacitación (Gascón y Cepeda, 2004). De hecho, la integración del país a la Organización
para la Cooperación y Desarrollo Económicos –OCDE, será el escenario de ratificación de
lo que se había comenzado décadas atrás. Con dicha incorporación se establece una nueva
conceptualización sobre la educación, sobre los actores que la integran, así como nuevas

exigencias a las instituciones que la conforman y, especialmente, el “imperio” de las escalas
de medición de factores. Todo ello, en su conjunto, constituye una perspectiva hegemónica
de la calidad educativa.

La importancia de dirigir la mirada a la educación superior, en una formación específica
como la de la profesión del comunicador, permite preguntarnos cómo en este ámbito de
transformaciones y tensiones aceleradas, de discursos y dispositivos actuantes de la
educación en la vida social en el país, se formalizan relaciones sociales, divisiones del trabajo
y formas culturales (…). (Escobar, 2007, p. 181-186). Además, cómo se contribuye a formar,
transformar y moldear subjetividades laborales en un ámbito profesional específico.

Ubicarnos en la dirección de la gubernamentalidad educativa del país en las últimas décadas,
es central para comprender la articulación de la educación como dispositivo de producción
de subjetividades según los últimos planes decenales de educación, pero también entender
cómo se han definido y delineado los perfiles de egreso y las trayectorias profesionales de
dos generaciones de egresados de programas de comunicación social en Bogotá.

Una de las hipótesis que orientó la investigación y que hace parte del problema que interesa
abordar en esta tesis doctoral es que producto de las transformaciones operadas en las últimas
décadas con la educación en Colombia, las trayectorias formativo-laborales y, con ello las
subjetividades laborales, han resultado afectadas y tensionadas por la misma relación
dinámica entre las condiciones estructurales de la sociedad y la diversidad de estrategias de
los sujetos para acceder, afrontar y resignificar su mercado laboral y profesional.

*Extracto del libro: “Gubernamentalidad educativa y producción de subjetividades profesionales en dos generaciones de egresados de programas de comunicación social en Bogotá, 1991 – 2016” de Diana Patricia Santana Jiménez.

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